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Bloc de Vicen

Cotidianidad.

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Hace un mes llegaron al cole 3 nuevos alumnos, hijos de una familia inmigrante que viene de Sevilla, donde han vivido 4 años y donde nació la pequeña que ahora va a infantil-3 años. Los mayores, una niña de 9 años en mi aula y un niño de 8 en tercero.
Conozco especialmente a Saja, mi alumna aunque lleva poco tiempo en clase si descontamos las vacaciones. Es un encanto. Lo supe nada más verla y oirla hablar un castellano correctísimo con un acento andaluz que te hace sonreir inmediatamente. Lo he comprobado en los días que ha venido a clase. Educada y respetuosa con todos, invitó a las niñas más próximas a su casa a ir a visitarla el primer día y se ha integrado con normalidad absoluta.
Desde que empecé a trabajar como maestra, trabajo en la línea en “valencià” y Saja está en esta aula porque la de cuarto de castellano está llena. A la mía, con alguna vacante, siguen llegando de cualquier parte, escolarizados en castellano o como sea. Por ejemplo, ayer llegó una niña brasileña que ha venido a reagruparse con su padre y no habla ni castellano ni valenciano. Se irrita porque no la entendemos en portugués. Hoy ya entendía mejor las cosas. Sí, una locura trabajar en estas condiciones. Dura prueba para el sistema nervioso de cualquier persona, al menos para el mío.

Cuando nos despedíamos en clase antes de puente de diciembre Saja me dijo que ella tampoco vendría el día 9 porque iba a ir con su familia a una fiesta religiosa. Al volver trajo pintado un árbol y unas estrellas decorado todo con purpurina y me dijo que le había ayudado su papá con los colores de su país.
En la documentación de la niña ponía que había nacido en Líbano igual que su hermano. Su familia se había refugiado allí desde la franja de Gaza de donde son naturales. Yo creía que la familia era libanesa pero son palestinos.

Después de las vacaciones Saja está especialmente seria, ella que era alegre como unas castañuelas. Está mañana al salir, su hermano me llamó la atención con su pañuelo palestino envuelto al cuello sobre su sueter rojo.
Después me comentaba una compañera que ayer le dijo a su profesora cuando hablaban en clase de como habían ido las vacaciones y si lo habían pasado bien, que ellos no celebran la navidad y que no había podido pasarlo bien y ser feliz cuando ven que están matando a su gente.
Su profesora se asombró del grado de madurez con que enfoca la vida en general, como se asombró al ver que era un niño encantador cuando llegó, mejor aun que Saja, me decía un día.
No estamos acostumbradas a encontrar estos casos, verdaderos refugiados políticos y buena gente.

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Written by fractalmar

Gener 10, 2009 a 10:08 am

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